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Lecciones de la mayor redada en California: el día que ICE arrestó a 138 indocumentados en una fábrica

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Originally published by Univision

Era 7 de febrero de 2008. Más de 100 agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) rodearon una fábrica de impresoras en el norte de Los Ángeles buscando a ocho sospechosos de falsificar documentos para trabajar ahí. Pero la operación terminó con el arresto a 138 indocumentados enla redada en un centro de trabajo más grande de la que se tenga registro en la historia de California.

Entre los arrestados había parejas, madres solteras e incluso mujeres embarazadas. Además de los ocho que buscaban las autoridades migratorias, 87 mexicanos, 24 salvadoreños, 8 guatemaltecos, 4 peruanos, 4 hondureños y 3 colombianos terminaron bajo custodia aquella tarde.

El mexicano Ulises Guerrero aún recuerda cada detalle de aquel turno en la fábrica Micro Solutions Enterprise (MSE), el cual fue interrumpido abruptamente por la incursión de un centenar de agentes de ICE que, empuñando sus armas, pidieron -en inglés y en español- a los empleados que dejaran de trabajar.

“Eran muchos. Llegaron armados, como si iban por unos delincuentes. Y me impresionó ver a todos los compañeros que no podíamos ni gritar, ni correr, ni hacer nada. Nos quedamos callados, viéndonos unos a otros. Las muchachas llorando, la mayoría. No decían nada, solo lloraban; nadie gritó. Nadie tuvo tiempo de nada. Fue algo impresionante”, cuenta Guerrero en entrevista con Univision Noticias.

Luego de los llantos desgarradores de las mujeres, vinieron los humillantes interrogatorios y el traslado en buses a un centro de detención en el centro angelino. Todos creían entonces que su deportación era inminente.

“Afuera de la fábrica había tres o cuatro autobuses. Habían cerrado hasta las calles. Nos llevaron al centro de detención (de ICE) en el centro de Los Ángeles. Yo estuve ahí dos días. Ahí nos metieron a todos. A uno lo hacen sentir como delincuente”, asegura este inmigrante de 38 años, quien era supervisor en esa empresa y vivió esta experiencia junto a su padre.

Al día siguiente, desde el exterior de la fábrica parecía que nada había pasado, pues el lote de estacionamiento estaba lleno. Sin embargo, los dueños de todos esos autos estaban en una cárcel de ICE y no dentro del lugar.

Así fue la redada

En palabras de Ulises Guerrero, así ocurrió aquella redada en esa fábrica de Van Nuys:

“Ese día estaba apuntando el material que íbamos a ocupar para trabajar, cuando volteo veo muchos policías. Pero no me imaginé que eran de Migración. Solo vi que estaban haciendo señas para todos lados. Y al voltear de nuevo había más policías atrás de mí. Luego me di cuenta que en sus chalecos decía ‘ICE’.

Estaba en shock. Te impresiona ver cómo llegan.

Nos pidieron que hiciéramos una fila. Hablaron en inglés y en español. Los agentes de ICE eran casi todos hispanos. Dijeron: ‘Los que tengan papeles pónganse en un lado y los que no, en el otro’. Los que tenían documentos se hicieron para un lado y nos dejaron ahí. Eran como unos 30. Nos quedamos 138, los que nos agarraron.

Nos recargaron a la pared y nos pidieron que nos volteáramos viendo a la pared. Nos pusieron cintas de plástico como esposas. Luego nos dijeron que nos sentáramos en el suelo. Así estuvimos un rato.

Luego llegaron con computadoras y empezaron a llamar a uno por uno. Nos preguntaron el nombre, de dónde éramos, que por dónde habíamos entrado (ilegalmente a EEUU) y nos preguntaban si queríamos firmar para salir (aceptar su deportación voluntaria) o íbamos a estar en la cárcel.

La mayoría estaba llorando. Yo creo que no lloré por el shock. Por el miedo. Mi papá estaba a mi lado y mis compañeros. En esa compañía la mayoría teníamos trabajando cinco o seis años. Yo conocía a todos.

A las amigas del trabajo les decía ‘No lloren, no lloren; tranquilícense, no pasa nada’. Trataba de darles ánimos a todos. Había compañeros con hijos recién nacidos; había entre 10 y 15 parejas, que habían dejado a sus hijos encargados.

Yo pensé ‘¿Qué va a pasar con nosotros y con mis hijos?’. Yo entonces tenía tres hijos chiquitos.

Cuando me llamaron yo solo les di mi nombre y me quedé callado. Mi dijeron que si no les decía me iban a meter preso. Yo me quedé callado y me regresaron a la fila. Ahí empezamos a correr la voz: ‘no digan nada, nomás su nombre’. Y a todos los que llamaban solo decían su nombre y los regresaban. Las entrevistas duraron más de cuatro horas.

Todos creíamos que nos iban a deportar. Yo viví en Tijuana muchos años, ahí tengo familia y amigos. Yo les dije: ‘si nos llegan a echar a Tijuana les dije que allá teníamos a dónde quedarnos’. Eso los animaba un poco.

Decían que esta fue una ‘redada humanitaria’. A los que teníamos hijos o enfermedades nos separaban.

A unos compañeros los llamaban y ya no regresaban. No sé qué pasaría. Uno que entró y regresó empezó a decir que nos estaban soltando, pero que les estaban poniendo un aparato en el pie. A muchos les pusieron, pero no alcanzamos todos.

¿Volverá a pasar?

Cuando los empleados de MSE fueron liberados, varios con dispositivos en sus tobillos, estos formaron un grupo que llamaron ‘Los sin papeles’ y cuyo fin era ayudarse entre sí. Realizaron rifas y vendieron comida para recaudar fondos que les ayudaran a cubrir sus gastos. Los que sí encontraron trabajo donaban una parte de sus sueldos a los desempleados.

Guerrero dice que las autoridades deportaron a unas 10 personas detenidas en aquella redada. Él calcula que unas 60 personas permanecen en California.

Años después ICE publicó a regañadientes más de 2,500 páginas sobre ese polémico operativo, revelando queese día la agencia llegó guiada por una denuncia anónima y que se preparó para poner tras las rejas a más de 200 trabajadores de la compañía, que por años operó en Van Nuys.

Uno de los reveses más duros se los dio un juez de inmigración, al cancelar en febrero de 2009 la orden de deportación que pesaba contra uno de los detenidos, una decisión que también influyó en otros casos. Con el paso de los años algunos lograron legalizarse, otros aún continúan luchando para permanecer en este país y otros más fueron deportados a sus lugares de origen o decidieron regresar por su cuenta.

Esta redada tuvo gran atención de la prensa. Grupos defensores de los inmigrantes cuestionaron las acciones de ICE, alegando que detuvieron a los trabajadores sin sospecha razonable de que estaban en el país ilegalmente, que les negaron agua y alimentos por más de 18 horas y que jamás les informaron sobre su derecho de ser representados por un abogado.

“Salí a los dos días. Tuve que pagar una fianza de 1,500 dólares. Cuando salí vi que había muchas organizaciones que estaban protestando. Había muchos conocidos, de la fábrica, otros que habían dejado salir y gente de organizaciones que no conocía. Todos empezaron a gritar y a celebrar cuando íbamos saliendo uno por uno”, recuerda sobre ese momento Guerrero.

“Cuando regresé a mi casa sentí alivio, volver a ver a mis hijos, estar con ellos. Fue una cosa muy emotiva. Pensaba que no los iba a volver a ver”, agrega.

Los activistas también denunciaron la prohibición de que abogados acompañaran a los detenidos en las entrevistas. Reclamaron que la dependencia, entonces bajo la administración de George W. Bush, estaba“aterrorizando a la gente” y que le negaba el derecho a defenderse.

Pero la agencia federal jamás quitó el dedo del renglón de que su objetivo eran ocho sospechosos de “cargos criminales federales” por proporcionar información fraudulenta con el fin de obtener empleo.

“El imán del empleo es una de las fuerzas clave que alimentan la inmigración ilegal”, declaró entonces Jennifer Silliman, agente especial de ICE en Los Ángeles. “Cuando los inmigrantes ilegales usan documentos fraudulentos para conseguir trabajo, no solo explotan una vulnerabilidad, sino que también aceptan empleos de ciudadanos estadounidenses e inmigrantes legales”, agregó.

Una década después estas palabras no se escuchan tan lejanas. Esta semana, ICE inspeccionó unos 77 negocios en San Francisco, San José y Sacramento, en el norte del estado, con la intención de detectar posibles trabajadores sin documentación legal. El enfoque de la inspección es, recalcó la entidad, “proteger empleos para ciudadanos estadounidenses”.

El mes pasado, el organismo realizó una inspección en decenas de tiendas 7-Eleven a lo largo del país buscando trabajadores indocumentados y gerentes que los contratan.

El director interino de ICE, Thomas Homan, ya advirtió que “están a punto de ver más agentes de deportación” en California, como una consecuencia por promulgar la ley de estado santuario, que limita a las policías locales participar en operativos migratorios.

Ante el temor de que se repita una redada como la que ocurrió en la fábrica de MSE, los legisladores californianos aprobaron una ley querequiere una orden judicial para que ICE realice estos operativos y pide multas para los empleadores que no informen a sus trabajadores sobre estas acciones.

 

La norma, que entró en vigor el 1 de enero, pretende evitar que los patrones compartan información confidencial de su fuerza laboral, como número de seguro social. Antes de que se lleve a cabo una auditoría se debe avisar al trabajador y los resultados de la misma se le deben proporcionar.

“En un ambiente de división y miedo, California debe continuar defendiendo a sus trabajadores”, dijo el asambleísta estatal David Chiu, autor de la ley AB 450.

 

El dueño de la empresa MSE se declaró culpable en 2012 de contratar a inmigrantes indocumentados, segúninformó ICE. En un acuerdo con fiscales federales, Yoel A. Wazana aceptó una sentencia de tres años de libertad condicional y pagar una multa de 267,000 dólares. Dos años después vendió la planta a la compañía Clover Imaging Group, que en 2016 despidió a decenas de empleados por -irónicamente- trasladar su producción a México.

California es hogar de 1.75 millones de trabajadores indocumentados, lo cual representa el 9% de su fuerza laboral, según un reporte del Public Policy Institute of California (PPIC). Se trata de la segunda mayor concentración de empleados sin papeles en Estados Unidos. El primer lugar lo ocupa Nevada. Aquí, esta población se emplea sobre todo en la agricultura, la construcción y en la manufactura.

 

“Quedas marcado”

Guerrero luchó durante 10 años contra su deportación. A través de su esposa él logró legalizarse en noviembre pasado. A principios de este año él regresó por primera vez a la Ciudad de México después de varios años de ausencia.

Aunque su situación migratoria es distinta, aún recuerda el operativo de ICE como una situación traumática. “Uno viene a trabajar, a salir adelante a nuestras familias, a superarse. No nos agarraron en la calle cometiendo un delito, estábamos trabajando”, explica.

“Quedas marcado. Estar pensando durante nueve años que te van a deportar, que pueden ir por ti, te daña psicológicamente. Yo era una persona con carácter fuerte, pero ahora me volví muy sensible. Por cualquier cosa que pasa se me salen las lágrimas. Te deja mal psicológicamente”, lamenta.

 

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